

1. La guerra no cambia nunca.

Desde que la historia es historia, la historia se trata de guerra y es tragicómico que la guerra nunca haya sido, ni será, la respuesta a ningún problema histórico
Desde tiempos inmemoriales, a la humanidad le encanta recurrir a la violencia armada para resolver diferencias y conflictos. Incluso en la prehistoria, las tribus luchaban por recursos limitados, lo que a menudo resultaba en la pérdida de vidas humanas y económicas. A medida que avanzamos en la historia, vemos cómo las guerras son exactamente las mismas, pero con otros nombres y tecnológicamente mas sofisticadas.
Por ejemplo la Guerra del Peloponeso, un conflicto que enfrentó a las ciudades-estado de Atenas y Esparta en el siglo cinco antes de cristo. Aunque fue una guerra relativamente pequeña en comparación con las posteriores, causó la muerte de miles, perdidas culturales incalculables y un costo económico que lastró a ambas potencias. La guerra no cambió el curso de la historia como pretendía, sino que dejó cicatrices profundas en una Grecia que tubo que detener sus avances en los albores de la utopia. Lo gracioso es que se dice que terminó por que ningún bando recordaba el motivo por el cual empezó.
Ejemplos así hay a montones:
-La guerra de los treinta años entre católicos y protestantes por ver quien la tenia más grande, termino en nada.
-La guerra de Afganistán por venganza de Estados Unidos y la OTAN contra grupos insurgentes, resulto en un capitulo borrado de los libros de historia y en Afganistán siendo nuevamente tomado por el Taliban.
-La “guerra de los pasteles”, cuando pasteleros franceses en Mexico acusaron a grupos mexicanos de saquear sus pastelerías y Francia respondo con una expedición militar y la imposición de Maximiliano de Habsburgo como emperador de Mexico. Para que en un par de meses todo volviera a la normalidad…
-La guerra civil somalí que desde la derogación de Saíd Barre en el 91 solamente trajo más paleas por quien ocupa el poder y hambruna a Somalia.
-La guerra del golfo, que comenzó con motivo de liberar Kuwait de Irak y prosiguió una década intentando derrocar a Sadan Hussein, sin lograrlo.
-La guerra civil rusa, que comenzó por conflictos ideológicos y termino con una Rusia apenas ahora pudiendo recobrarse.
-Puedo extenderme durante 4 newsletter más.
Esas guerras cumplen un común entre todas, la cantidad de bajas civiles, perdidas edilicias y consecuencias económicas, fueron gigantescamente mayores a cualquier cosa que hayan logrado. Niciquiera es necesario mencionar a la primera ni la segunda guerra mundial, que en termino de perdidas, solo significaron perdidas.
Entonces ¿Por que hacemos guerras? Porque que dos personas se maten, es más fácil a que se entienda. Usate de ejemplo ¿Cuantas veces pudiste realmente comprenderte con alguien que pensaba u opinaba diferente?
Terminemos con una pregunta que no es nuestra, se la hace un tal Tzevetan Todorov, lingüista e historiador que nació y se educo en una Bulgaria comunista en medio de la guerra:
“(...) Pero volviendo al presente, vivimos ya en el siglo 21 y conocemos mucho mejor cuantitativamente a las otras civilizaciones. Hemos acumulado un conocimiento impresionante sobre los otros, pero las actitudes de superioridad no han desaparecido. Al punto que me pregunto ¿Jamas desaparecerán o se trata de una característica, no solo de la cultura europea, sino de todas las culturas y de todas las poblaciones dentro de una cultura? El considerarse superior a las demás porque toma sus propios valores como correctos y universales”
2. Fantasmas y sabanas.

Pensar en la imagen icónica de los fantasmas cubiertos con sábanas blancas quizás no sea el mayor terror de nadie, actualmente… Pero hace algunos siglos podia significar el mayor de los horrores ¿Como es que esa imagen que hoy nos puede parecer hasta cómica llego a convertirse en icono del miedo por excelencia? Bueno, en este revisionismo histórico resumido está la respuesta.
Resulta que en la Europa medieval desde el comienzo de la Edad Media, se esparce la costumbre de enterrar a los difuntos envueltos en lo que se conocía como "sudarios". Estos sudarios eran lienzos que servían tanto como muestra de respeto hacia el fallecido como para evitar que su sangre se derramara, era una práctica de época.
Entonces, durante el siglo 14, los fantasmas eran representados en el arte como esqueletos envueltos en estos sudarios, pero no daba miedo a nadie, sino que fue parte de una naciente costumbre artística llamada “Memento mori”, en la cual se retrataban esqueletos o se incluían en otras pinturas para representar la finitud de la vida. Es en el siglo 15 cuando la imagen de un cuerpo cubierto con sábanas comenzó a infundir terror y a ser vista como una aparición sobrenatural y parece que los planetas se alinearon para que así sea.
Cuentan las historias que en reiterados momentos históricos, desde el siglo 15 en adelante, con la proliferación de las leyes penales, en Inglaterra, los ladrones comenzaron a tapar sus rostros y vestirse con sábanas blancas para tapar sus cuerpos, así asustaban a sus víctimas y así se armaban de anonimato frente la ley. Imaginate un niño al que su padres le repiten desde muy chiquito que si ve alguien vestido con una sabana blanca, corra, que es peligroso. Bueno, es una buena manera de que nazca un miedo, pero la cosa sigue.
A medida que avanzaba el tiempo, acercándonos al siglo 19, los difuntos comenzaron a ser enterrados con atuendos similares a la ropa de cama. Pero había un problema artístico, en obras de arte y teatro, esta elección se volvía confusa para distinguir la representación de un fantasma a la de una persona viva. Se intento hacer notar a los fantasmas poniéndolos sobre una nube o rodeados de niebla, con armaduras rotas o piel ennegrecida, pero no resultaba bien. La solución fue volver al icono que ya se había impreso en el folklore popular. Esto reforzó la idea de las sábanas blancas como un símbolo distintivo.
El siglo 19 también trajo consigo avances tecnológicos que influyeron en la percepción de los fantasmas. La fantasmagoría por ejemplo, fue un arte que utilizaba ilusiones ópticas, linternas, sombras y vapor para proyectar esqueletos, demonios y fantasmas. O también la fotografía espiritual victoriana, que requería el uso de sábanas blancas o amarillentas para que se logre el efecto de doble exposición. Estas tecnologías agregaron a la imagen del fantasma el concepto de "espectro traslúcido". Además, la transparencia de los fantasmas se extendió más allá de las representaciones con sabanas, se atribuye a todo lo espiritual hasta nuestro siglo inclusive.
Finalmente en el siglo 20 con la popularización de las festividades originales de Samhain y el Día de Todos los Santos bajo la hegemonización del Halloween comercial que conocemos hoy, el disfraz de fantasma con sábanas blancas se convirtió en uno de los favoritos, especialmente para los niños de bajos recursos debido a su disponibilidad en casi cualquier casa. De esta manera, la figura del fantasma como un espectro semitransparente cubierto por una sábana blanca se ganó su lugar icónico en la cultura popular.
La historia del miedo es una historia cultural ¿Viste? Suponemos que si tendríamos que rastrear el porqué le tenemos miedo a la oscuridad, deberíamos remontarnos a los inicios de la humanidad. Entonces ¿Que hay de vos? ¿De donde vienen tus miedos? ¿De tu historia o de la historia de alguien más?
3. Duermo, luego existo.

Llevás durmiendo casi la misma cantidad de días de tu vida que llevás despierto y afirmarlo de esta manera parece una obviedad sin nada que reflexionar al respecto. Pero la complejidad del dormir como acto, o concepto, es quizás uno de los temas más intrincados y con más implicancias en nuestro día a día.
Supongamos que hoy cumplís exactamente 25 años y que dormiste todos los días de tu vida y que todos los días que dormiste dormiste 8 horas. Entonces, de los 9125 días que vas viviendo llevás durmiendo 73 mil horas, que equivale a 3042 días, osea masomenos 8 años.
Y es que en el bullicio de una vida cada vez más ajetreada y absorbente, rara vez nos detenemos a considerar lo que implica dormir. Puede parecer un acto cotidiano y pasivo, pero al ver las implicancias y consecuencias que genera, dormir resulta en mucho más que cerrar los ojos y descansar.
Si nos ponemos en economistas, dormir conlleva tiempo y el tiempo es algo que compramos, vendemos y, en ocasiones, malgastamos. Entonces ¿Es el sueño un gasto de tiempo o una inversión? Al igual que en el mundo financiero, el sueño tiene sus costos y beneficios. Dormir es una pausa necesaria, una inversión en nuestra salud, pero si invertimos de más podemos perder oportunidades o recursos valiosos. Dormir de más puede tener consecuencias igual de negativas que dormir de menos, como alterar nuestro ritmo circadiano, aumentar el riesgo de obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares o depresión, por ejemplo.
En la filosofía de la ética, el tiempo es un recurso finito, y la gestión sabia de ese recurso se vuelve esencial. Dormir es un acto ético, un compromiso con nuestro propio bienestar y el de los demás. Aquí es donde el sueño se convierte en una cuestión moral. ¿Somos responsables de cómo usamos nuestro tiempo de vigilia? ¿Somos conscientes de que descansar y dormir no son solo placeres, sino imperativos éticos?
En la economía del tiempo, el sueño puede considerarse un costo de oportunidad, una renuncia a otras posibles actividades. Pero aquí es donde el concepto de calidad frente a cantidad del tiempo entra en juego. (Está en nuestro tercer newsletter por si te interesa refrescar)
El acto de dormir es un viaje filosófico. Un costo de oportunidad con beneficios incalculables y consecuencias catastróficas ¿Que estas dispuesto a perder por dormir? ¿Que estas dispuesto a ganar? ¿Importa realmente el “cuanto dormimos” o es momento de plantearse el “para qué”?
4. Ser, estar.

La soledad es un adjetivo que se siente, un sustantivo que se puede ver, un concepto que se practica, un verbo que se piensa.
Tiene algo de fantástico pensar en ciertos términos que se definen por lo que no son, el frío por ejemplo, sabemos que el frío es la ausencia de calor y no así el calor es la ausencia del frío.
La soledad sin embargo se desprende un poco de la ciencia y la física para definirse como “ausencia de compañía”. Y es frente a esta definición que aparece una gran problemática: Como seres humanos podemos estar rodeados de millones y aun así sentirnos solos.
Es parte de la gran dualidad de las cosas. Solemos agrupar a la soledad junto al frío, la lejanía, el silencio, la oscuridad, el mal y la muerte, Y a la compañía junto a la calidez, la cercanía, el ruido, la luz, el bien y la vida. Parecieran combos predeterminados para diferentes tipos de vida.
¿Pero qué hay de aquellas personas que encuentran compañía en un libro, en una mascota, en una canción o más extraño aún, en sí mismos?
Como escribía antes, no puede definirse a la soledad como “ausencia de compañía”, es un gran fallo teórico que despoja al término de humanidad. Personalmente me gusta definirla como “ausencia de presencia”.
Podemos precisar de la presencia de una amistad, de un familiar, de un animal quizás, porque no de un objeto, de aquel collar que heredaste, de un osito de peluche, de un recuerdo.
Las religiones atribuyen presencia a todo aquello que tiene alma, seres vivos en el cristianismo y las religiones abrahámicas. Pero si nos extendemos más, el Tsukumogami japonés es una creencia que cree que los objetos tienen ánimas propias y si vamos más a fondo en la misma cultura nos podemos encontrar con el Kotodama, que cree en que incluso las palabras tienen alma y espíritu.
Repartido por todo el mundo podemos encontrar un repertorio más grande de cosas con alma, cómo climas y paisajes (Creencias Ngen de América), o como la fuerza vital del universo (Creencia del megara en Norafrica).
Si hacemos una mezcla podemos decir que todo aquello que posee alma y por lo tanto posee presencia, es capaz de servir como compañía. Pero incluso yo mientras escribo sobre el alma me olvido de una cosa muy importante, se supone que nosotros también tenemos una y, por lo tanto, tenemos nuestra propia “presencia".
Y es que a veces no estamos ni siquiera para nosotros mismos, es en ese punto, el momento indefectible en el que el gigante de la soledad aparece. Estemos solos o acompañados. En las heladas no se puede sobrevivir de abrazos, primero debe uno abrigarse, entonces siente calor y cuando abraza, lo comparte.
La “presencia” tiene algo único, algo que no tiene la soledad, que no tiene ninguna otra cosa en el amplio espectro de las lenguas y las ciencias. La presencia tiene tanta fuerza, que sentimos cuando no está.
Entonces qué pensás ¿Estás ahí? ¿Sos para vos o estás para los demás?
5. La dualidad de las cosas.

La verdad es que el universo es tan enorme como complejo y, lastimosamente, ocupamos una parte tan pequeña de este que nos es imposible entender cada cosa por particular. Por eso agrupamos las cosas, para simplificar la complejidad.
Un planeta, es un conjunto de continentes, un continente es un conjunto de países, un país (como argentina) es un conjunto de provincias, una provincia un conjunto de partidos, un partido un conjunto de personas, una persona un conjunto de órganos, un órgano un conjunto de tejidos, un tejido un conjunto de células y podemos seguir y seguir hasta donde se extienda nuestro conocimiento. De tal modo que al decir “planeta” se da por entendido todo lo que el grupo “planeta” contiene.
Ok, hasta acá vamos bien, todo forma parte de un grupo, todo puede agruparse con otra cosa dependiendo la necesidad conceptual que tengamos. Y es dentro de estas agrupaciones donde aparece un topico particular, la agrupacion “bueno” y “malo”.
En la entrega anterior mencione algo como “la gran dualidad de las cosas”. Este termino se refiere enormes agrupaciones, las cuales, naturalmente, no perteneces a ningun grupo de “bien o mal”, eso es un concepto humano, concepto que seguramente llevo sientos de miles de años en formarse y se transforma dia a dia, pero originalmente se desprende de sus representaciones más cliches: Dia y noche.
Facilmente podemos agrupar dentro de estos dos elementos de la naturaleza casi cualquier cosa que sean opuestas sin la necesidad de entrar a “bueno o malo”. Por ejemplo;
Blanco y negro, luz y oscuridad, cálido y frio, cerca y lejos, compañía y soledad, fuego y hielo, vida y muerte, vigilia y sueño, actividad y descanso, etc.
Todas estas combinaciones son innegables porque vienen con la naturaleza, con el estado natural de las cosas y agruparlas habrá servido en algún momento para sobrevivir, supongo… De este modo atribuir “maldad” a alguno de estos opuestos, no tiene mucho sentido, quizás al orden de la noche se le podría atribuir “peligro” o “cautela” pero no significa que sea “malo” por antonomasia.
Este concepto de “lo bueno y lo malo” es bastante nuevo, considerando que engloba a cosas mucho más viejas que la especie humana y viene de algo bastante novedosa: “Lo santo y lo profano”.
Para toda cultura, lo “santo” es aquello que debe cuidarse, elevarse, protegerse, ser honrado y venerado, pueden ser tanto objetos, personas, conceptos, costumbres, leyes o valores. Entonces, lo “profano” es aquello que se opone a lo santo, lo que peligra a lo santo, lo que lo corrompe, de lo que hay que protegerse, por lo tanto es “malo”.
Lo damos bastante por entendido pero entender el párrafo anterior da cuenta de lo subjetivo que es todo esto. Por ejemplo, la virginidad es un valor que se puede atribuir como “santo” en algunas culturas, pero no en todas, por lo que para ciertos sistemas de costumbres es algo “bueno” y para otros directamente no existe. Esto mismo aplica a todo aquello que intentemos englobar dentro de alguno de los grupos del bien y el mal. El problema es cuando al grupo del “mal” osea “lo profano” se lo estigmatiza y persigue, como en la inquisicion, que recordemo que el nombre completo fue “santa inquisiquicicion”, justamente por eso, defendia lo santo, alejaba lo profano.
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Profanas fueron las costumbres de las culturas americanas y africanas, profano fue el rock&roll en un momento, para cierto grupo de gente profanos fueron los judios, para otro grupo profanos fueron los gitanos y resulta por casualidad que lo profano siempre es lo “diferente”, lo “nuevo” o lo que al grupo dominante o “santo” le conviene que ya no exista.
Te proponemos preguntarte ¿Que es santo para vos? ¿Que convierte en profano? ¿De que te privan tus valores y tus costumbres?
Si te interesa profundizar más sobre el tema de esta separación “bueno, malo, santo, profano” te invitamos a leer “La muerte y la mano derecha” de Robert Hertz.

Antes de leer, escuchamos. Antes de escribir, hablamos. Y no fue durante poco tiempo que solo hablamos y escuchamos, se estima la aparición de la lectoescritura maso menos 3000 años antes de cristo, y considerando que podemos aproximar los primeros homos sapiens hasta hace 200 mil años, llevamos solo el 2,5% de la historia humana leyendo y escribiendo.
A través de los eones, fue la capacidad de acumular y transmitir conocimiento lo que propició el avance científico y perpetuacion cultural de nuestra especie.
Por ejemplo, para memorizar cuales son las bayas venenosas y cuáles no, dentro de un amplio rango de variedades, es mucho mejor un cuento que una cantidad de datos duros.
“(...)Luego de ver el daño que habia hecho, el arbol se extendio hacia el cielo para que nadie alcance sus venonosos frutos, se extendio tan alto que el sol le tiñó las hojas de amarillo y ni las hormigas pueden alcanzar su copa…” Arbol alto, hojas amarillas, sin hormigas= Bayas venenosas.
Incluso hoy estudiantes de carreras que requieren mucha memoria utilizan canciones para recordar informacion en cantidad, la lírica y la poetica se guardan en nuestra cabeza mucho mejor que la informacion a secas. Imaginate que pasamos literalmente decenas de miles de años sobreviviendo de esta manera hasta que alguien escribió el primer manual de supervivencia en la selva
Antes de la escritura, las comunidades dependían en gran medida, no solo de la memoria colectiva, sino también las habilidades narrativas para compartir mitos, leyendas, y conocimientos prácticos de generación en generación, los buenos narradores y cuentacuentos fueron esenciales para nuestra supervivencia.
Tomemos, por ejemplo, las epopeyas homéricas en la antigua Grecia. Obras como la "Ilíada" y la "Odisea" fueron transmitidas oralmente durante generaciones antes de ser registradas por escrito. Los aedos, poetas itinerantes, eran los guardianes de estas historias, y su habilidad para recitarlas de memoria era esencial para la preservación de la identidad cultural griega.
En las culturas primigenias del mundo los ancianos contaban relatos que abarcaban desde la creación del mundo hasta consejos prácticos para la supervivencia en la naturaleza. Esta tradición oral no solo transmitía conocimientos esenciales, sino que también fortalecía los lazos comunitarios entre los rangos etareos y preservaba la rica diversidad de sus culturas.
La trasmisión oral también ha sido fundamental en la preservación de lenguas. En lugares como África, donde existe una increíble diversidad lingüística, las historias, proverbios y canciones se transmiten de boca en boca, contribuyendo a la preservación de idiomas que de otra manera podrían desaparecer.
Incluso en la actualidad, la tradición oral persiste en diversas formas. Las historias familiares, las canciones folklóricas y las leyendas urbanas siguen siendo transmitidas de generación en generación, demostrando la capacidad única de la palabra hablada para conectar a las personas a lo largo del tiempo.
Quizás, el acto de “sentarse y escuchar” como su contraparte “sentarse y enseñar” haya sido el primer gesto de humanidad en nuestra especie, el interés por aprender y enseñar, por adquirir y trasmitir, se apuntala como un acto de amor y supervivencia.
Es que, aún hoy cuando el acceso a la información es implacable, la sensación del relato, la transmisión de experiencias de forma hablada, cantada, actuada o pintada resulta cautivadora e incomparable.
¿Recordás ese cuento que te contaban tus abuelos? ¿Ese momento en el que encontrabas respuestas en fábulas? ¿Esa historia ajena que te empujó a seguir? ¿Cuál es la historia que vas a contar, cuáles son los valores que vas a transmitir cuando tengas en brazos a las próximas generaciones?
6. Sientate aquí y escucha.
7. El Puente y el camino 1.

Tanto la luz como el sonido son ondas. La luz es una onda electromagnética que se propaga a través del espacio. El sonido es una onda de presión que se propaga a través del aire u otros medios hasta hacer vibrar nuestros tímpanos. La luz se ve, el sonido se oye y esto es lo más profundo que indagaremos en física en esta columna, pero es importante tener esta base.
En gran mayoría de las culturas religiosas la luz es beatificada o elevada de alguna forma, suele simbolizar lo divino, lo sagrado, un mensaje o ayuda de los dioses, puede ser una forma de estos mismos,
Endiosar la luz es entendible, quizás haya sido el pilar elementar para el desarrollo de la humanidad, da la casualidad de que la luz es algo que nos llega desde los espacios más alejados del universo incluso, información que viaja durante millones de años para iluminar una selva repleta de peligros, guiar el camino en la noche, e incluso consigo suele traer el calor de día luego de una noche fría. Una onda que se propaga a través del espacio.
¿Y qué pasa con el sonido? Bueno, si bien el sonido es un desglose más científico, para el ser humano siempre estuvo en forma de “música”. Y algo curioso es que sucede exactamente al revés que con la luz. Si la luz, para muchas culturas, es la forma en la que las deidades se comunican con los seres humanos, la música es la forma con la que los seres humanos se comunican con las deidades.
Desde los albores de la humanidad, diferentes civilizaciones han tejido intricadas relaciones entre lo divino y lo melódico, creando rituales y ceremonias que buscan alcanzar lo sagrado a través de las vibraciones sonoras.
En la antigua Grecia, por ejemplo, la música ocupaba un lugar sagrado en la vida cotidiana y en los rituales religiosos. Se dice que Pitágoras, el famoso matemático y filósofo, descubrió proporciones musicales que consideraba reflejos de la armonía cósmica. Los griegos utilizaban la música en los misterios eleusinos, ceremonias sagradas vinculadas al culto de Deméter y Perséfone. La combinación de sonidos y misterios prometía revelar secretos cósmicos y conectar a los participantes con los dioses.
En la India antigua y actual, se entonan “Los Vedas”, textos sagrados hindúes que datan de alrededor del 1500 a.C., contienen himnos dedicados a los dioses, acompañados por escalas musicales específicas. El Samaveda, uno de los cuatro Vedas, se centra especialmente en la música y su conexión con lo trascendental. En el hinduismo, la música es una herramienta meditativa, al igual que en el budismo y el sionismo, que ayuda a alcanzar estados espirituales superiores, una forma de adoración y meditación.
En las antiguas civilizaciones de Mesopotamia, las liturgias y rituales religiosos estaban intrínsecamente ligados a la música. Los sumerios, alrededor del 2000 a.C., tenían himnos dedicados a sus dioses, donde la música y la poesía eran utilizadas para invocar la presencia divina. Los babilonios, sucesores de los sumerios, continuaron esta tradición y desarrollaron un sistema musical que asignaba propiedades divinas a ciertas combinaciones de sonidos.
Saltando a épocas más recientes, en el cristianismo medieval, la música desempeñaba un papel crucial en la liturgia. El canto gregoriano, que se desarrolló en el siglo VI, era una forma de alabanza a Dios que se entonaba en los monasterios. La polifonía medieval, que emergió en los siglos IX al XIV, buscaba elevar el alma hacia lo divino mediante armonías y melodías elaboradas.
Incluso en las tradiciones contemporáneas, más allá del canto gospel afroamericano, en las canciones que sopesan el sentimiento de cada uno, se convierten en un puente entre lo terrenal y otro estado, sea cual sea.
Quizas, es al revez que con la luz porque la luz es creada en algun momento y lugar y llega hacia el ser humano. La musica, es una creacion pura y personal nuestra y no podemos limitar hasta donde ni cuando llegará.
¿Y vos quien le hablás cuando cantás? ¿Que sentis cuando escuchas musica? ¿Con que te conecta? ¿Con un momento? ¿Con un lugar? ¿O con algo más… grande?
Esta es la primera parte de una entrega doble, en esta hablamos del puente, en la siguiente de como cruzarlo
8. El puente y el camino 2.

En la entrega anterior hablamos de como la música, a través de la historia, se convirtió en nuestro puente favorito para conectarnos con planos diferentes o superiores. Pero para cruzar de un lado a otro se necesita más que un puente, se necesita cruzarlo.
Existen varias formas catalogadas entre rituales y costumbres folclóricas para comunicarse con el otro lado: Invocaciones, venenos y drogas, oráculos, oración, y, entre muchas otras, la danza.
La danza ha tejido su propio lenguaje como una expresión universal que trasciende las barreras culturales y conecta a la gente con lo divino. En distintas esquinas del mundo, en cada una a su manera, el arte del baile se convirtió en una forma de comunicarse con lo trascendental a través del movimiento rítmico y la expresión corporal.
Por ejemplo, en las vibrantes danzas rituales de la religión umbanda se invocan a las entidades y Orishas para recibir orientación, sanación y protección. Bailar se convierte en una forma de abrir portales hacia lo espiritual, donde lo terrenal y lo divino se encuentran en un solo cuerpo.
Más al norte, en la antigua Grecia, las danzas eran una parte integral de los rituales religiosos. Las danzas corales, conocidas como "khoros", eran una forma de adoración a los dioses olímpicos, donde se demostraba resistencia, valor y euforia.
En tradiciones como el movimiento sufí en el islam, la danza gira (sama) es una expresión de búsqueda espiritual en la que los bailarines llamados “derviches” buscan la proximidad divina a través de una coreografia en la cual giran sobre si mismos a gran velocidad, para ellos es danza, meditacion y devoción.
¿Escuchaste hablar del efecto mariposa? ¿Esa teoría que postula que el aleteo de una mariposa puede ocasionar un tornado? Bueno, imaginate lo que puede ocasionar el bailar. Si en la entrega anterior nos preguntábamos “¿Hasta dónde puede llegar la música que creamos?” Cabe aquí preguntarnos, hasta dónde puede llegar nuestro movimiento.
Hasta los gestos más pequeños como los que realizan los bailarines de “Bharatanatyam”, una danza clásica hindú donde cada pose, cada gesto con los dedos, cada expresión facial es considerada una oración congelada en el tiempo y el espacio, una conexión palpable con lo divino.
O incluso, como lo es para las culturas Powwows de América, bailar puede ser una conexión con el pasado y el futuro, para esta cultura, cada movimiento en una danza es una afirmación de su identidad, sus ancestros y sus raíces, que heredarán a las futuras generaciones.
Ejemplo hay a montones y te invitamos a explorar más sobre ellos.
Bailar, a través de los siglos se convirtió en un acto politico, una expresión cultural y es innegable que al bailar (y mientras más desaforadamente mejor) algo pasa en nuestros cuerpos.
Luego de esta cantidad de ejemplos nos atrevemos a afirmar que: Si la musica es el puente, el puente se cruza bailando.
Y es loco que estas dos cosas parecieran venir juntas por naturaleza, pero no hay nada que las haya obligado a juntarse. Necesitamos muelas para comer, pies para caminar largas distancias, manos para agarrar y trepar, y hasta un cerebro desarrollado para afrontar adversidades. El rojo es peligro porque es el color de la sangre, sonreímos para demostrar amistad frente a posibles hostiles. Pero ¿Bailar?
El baile, como la música, son dos cosas que pusimos juntas, que nos encanta. Frente a la imposibilidad de saber que hay más allá, tendimos puentes y los cruzamos, de la única manera en la que pudimos con lo que teníamos. Haciendo ruido y moviéndonos, cantando y bailando.
Y vos ¿Rozaste lo etéreo bailando? ¿Sentiste que el cuerpo se movía solo mientras bailabas? ¿Hasta dónde llegamos cantando y bailando? ¿Hasta dónde podríamos llegar?
9. Catarsis 2: Ritual

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Llegamos a esta segunda catarsis que cierra nuestro 2023, y estoy aquí para compartir la reflexión que corresponde sobre. Se dice que los seres humanos somos “seres de costumbres” y desde la guerra hasta la danza, hemos abordado diversas manifestaciones de las costumbres que han definido y continúan definiendo la experiencia humana.
Quizás la primera costumbre que abordamos suene un poco fuerte llamarla costumbre, pero la guerra es la mayor representación de nuestra costumbre primordial, equivocarnos. La suma de nuestros errores encuentra su ritual en lo más oscuro de nuestra naturaleza. Desde antiguos enfrentamientos hasta conflictos contemporáneos, los rituales militares son una constante en la historia. El ritual de proteger las costumbres, de quitarlas, de imponerlas, el rito a la violencia es un rasgo inconfundible entre todas las demás especies de este planeta.
Así igual, representamos lo abstracto, como espíritus o planos a través de rituales que perpetúan su imagen, desde el arte hasta los símbolos religiosos, rezos o cábalas. Inventamos lo imaginado, brindamos de forma, nombre y significado a conceptos que de otro modo podrían ser incomprensibles. La capacidad de transformar lo intangible en algo tangible es un dote que en los mitos y le leyendas, solo se le atribuye a dioses que los seres humanos nombramos…
Incluso los actos tan cotidianos como dormir, revelan ritos tan personales como privados. Yo doy vuelta la almohada hasta un maximo de 3 veces por noche y seguro habrá alguien que asome su pie derecho por aguera de las sabanas. Aun siendo el sueño una necesidad irremplazable, una realidad empirica, sea diciendo una oracion antes de dormir o ubicandonos de tal o cual forma, buscamos la manera de ritualizarlo.
Y es en la busqueda de nuestra esencia donde aprendemos la importancia de la esencia de los demás, la soledad es vista como un castigo, como espera hasta la compañia, o para otros, como un descanso. Otorgamos fuerza a la presencia, nos juntamos con quienes queremos, celebramos una misa frente a un asador o reunidos alrededor de una mesa, bebemos nuestro es el ritual de la compañia, de la reunión,
Así la construcción de significados alrededor de lo divino y lo terrenal se manifiesta en rituales que buscan elevar lo sagrado y protegerlo de la profanación. Pequeñas costumbres que tenés hoy, costumbres personales, cosas que haces con tu circulo de amigos, quizas mañana sean celebrados por una congregacion entera.
O quizas tus costumbres llegaron a vos desde alguien que te las enseño y a esa persona tambien se las enseñaron y así podriamos seguir una linea que se pierda entre las ramas de la especie. Elegimos transmitir nuestros conocimientos a través de relatos y canciones, reunidos alrededor del fuego en un principio, a través de un newsletter luego. Los rituales de transmisión son el sosten de supervivencia cultural y la conexión intergeneracional. Las historias compartidas, los proverbios y las canciones tejieron una red que une el pasado, el presente y el futuro. Un rito a través de los eones.
El canto por ejemplo, no solo sirvio como trasmisor de historias, logro convertirse en el trasmisor de emociones, trasmisor de sentimientos no solo entre seres humanos. Nuestros rituales nos conectan con algo, sea lo que sea, una deidad o la memoria de un ser querido, forjamos esos puentes entre el tiempo y el espacio, el acá y el allá.
Nuestros rituales nos conectan más allá de nuestras necesidades. Son una expresión y no una de devoción como podría creerse, son una expresión de vida. Bailar es la expresión del cuerpo, de la vitalidad, retumbamos nuestros pies contra el suelo decretando el ritmo de nuestro latido, cruzamos los límites de lo etéreo.
En última instancia, todas estas exploraciones de rituales apuntan a la riqueza y complejidad de nuestra humanidad. Así como cada ritual lleva consigo capas de significado y simbolismo, nosotros, como seres humanos, estamos inmersos en una red de prácticas que dan forma a nuestra existencia, y por si fuera poco, nos permiten expresarla.
De entre todas las infinitas partes que componen el universo. Lo seres humanos somos el más minusculo grano de arena, con el don más importante de la realidad. Existimos. Y es nuestra cualidad unica de “existir” que nos lleva a darle existencia a todo aquello que sentimos y creemos. Vivir nuestras creencias, es nuestro derecho por autoria.